El silencio cósmico
Viernes 05 de Abril de 2013 19:11
Escrito por Melissa López
Por Rogelio Arce Los últimos dos siglos han sidode descubrimientos científicos cada vez más asombrosos, hemos logrado salir denuestro reducido mundo a observar el universo con un súper telescopio: Hubble,hemos podido ver choques de galaxias, algo inimaginable para Galileo y Copérnico, conocemos gracias a estos adelantos científicos más de lo queconocían nuestros antepasados, son escasos los sitios donde no ha llegado lavista del hombre, pero no hemos podido ver a ningún ser extraterrestre. Uno podría creer que lo que sucedees que ese es un privilegio para unos cuantos, una especie de círculoiniciático al que solo unos pocos tienen acceso. Como yo no creo en duendes ni enapariciones, creo que estamos solos en el universo, pese a la renuencia demuchos a aceptar esta verdad tan simple: ¿para qué tanta creación si sólo somosy existimos los humanos? Prefiguro que esta pregunta se la hicieron loscavernícolas y nos la hemos hecho todos los seres humanos, con igual respuesta,es decir, toda esa inconmensurable creación cósmica está hecha para nosotros,los simples mortales. Las razones que tuviera El creador o la Naturaleza, o la nada para ser tan generoso para con nosotros, no puedo imaginarlas, no alcanza mi mente a llegar tan lejos como para responder aesa tremenda incógnita que sigue ahí vigente, para cualquier humano que quieraplanteársela. Lo único en que creo poder estar de acuerdo con la mayoría de la especie humana, es que ese silencio cósmico angustiantesigue ahí, a vista y paciencia de todos, tan sobre cogedor como hace diez milaños, quizá más hoy día por los adelantos que nos han permitido salir de laatmósfera terrestre.La persona que es creyente, tienela enorme ventaja de que no tiene nada que plantearse, para el creyente todotiene una explicación simple: Dios. El problema surge cuando noaceptamos que exista una Deidad, es demasiado para nuestra arrogancia, nuestroego se desmorona ante algo que nos convertiría en simples espectadoressilenciosos de un drama que a dura miles de millones de años y que segúnnuestra soberbia no puede ser, aunque sea. Preferimos abrazarnos a mitos tanindemostrables como la existencia de otras civilizaciones, de otros mundoshabitados, de los extraterrestres, de los universos paralelos, en fin, de una enorme cantidad de hipótesisindemostrables, a las que damos sitial de honor, con tal de no aceptar a Dios;ese Dios que nos creó y nos dejó huérfanos en el universo, tirados comocualquier cosa.No podemos aceptar la existenciade una Deidad que nos haya creado simple y sencillamente por amor,acostumbrados como estamos a racionalizar todo, a demostrar lo indemostrablecon cualquier hipótesis, aunque esta no tenga pies ni cabeza, pero es un planteamientonuestro.Salir a la noche, en estos díasde cielos despejados, mirar con los mismos ojos asustadizos de los hombres deNeanderthal ese espació inabarcable, donde sólo el titilar de las estrellas nosmuestra que no es un cuadro, que "eso" allá afuera tiene vida, peroseguimos como el primer hombre, mirando sin comprender ese perenne silenciocósmico. ¡Cómo envidio a los creyentes! Ellos en ese silencio aterrador,escuchan la voz de Dios, esa voz que nuestra arrogancia humana no nos permiteescuchar. Pese a todo, ese Dios sigue guardando silencio, quizá esperando queun día el hombre decida de una vez por todas hablarle directamente, sin miedo.