Gonzalo García Camps.
Es probable que haya mucha gente que, al llegar a la edad de jubilación y dejar de tener obligaciones diarias que ocupen el tiempo de cada jornada, se pueda sentir inútil y piense que su vida ya no vale para nada. Esta gente ha de saber que es todo lo contrario. Basta saber cómo llenar ese tiempo libre del que se dispone.
Una manera muy útil de ocupar los días, llegada la etapa de la jubilación o de la ancianidad, es por ejemplo acudir a los centros de planificación familiar y de interrupción voluntaria del embarazo para informar a todas las mujeres que se acerquen por allí de lo que supone la realidad del aborto: un asesinato de un bebé inocente e indefenso. Al hacer esto, han de pensar que están ayudando a muchas personas.
Están ayudando al bebé que ha de nacer. Sin su ayuda, moriría a manos de un médico que ha decidido ponerse al servicio de la muerte, traicionando su juramento en defensa de la vida. Están ayudando a la madre del bebé. Sin su ayuda, sería víctima de un engaño, se convertiría en cómplice del asesinato de su propio hijo, aumentaría muchísimo sus probabilidades de sufrir enfermedades psicológicas e intentos de suicidio y multiplicaría por mucho las probabilidades de sufrir cáncer de mama (demostrado científicamente, no es opinión). Por último, están también ayudándose a sí mismos al hacer esto. Si no nacen bebés, no hay trabajadores que mantengan ni la sanidad pública ni el sistema público de pensiones en el futuro, y el Estado decidirá recortar gastos eliminando a los ancianos y jubilados, para no pagarles pensiones.
¡Ánimo! Tanto desde el punto de vista altruista como desde el punto de vista egoísta, conviene siempre defender la vida naciente. Querría ver surgir desde hoy una generación de ancianos comprometidos con la vida. ¡Ánimo, Ancianos por la Vida!