Por José Merino del Río.
La trocha 1856 empieza a caerse a pedazos con las primeras lluvias. Cuando lleguen las lluvias verdaderamente fuertes, se pronostica que la trocha en la que se han invertido miles de millones,probablemente quedará totalmente inservible. En la Casa Presidencial nadie responde, nadie se hace responsable, todos callan, empezando por la presidenta Chinchilla.
¡Corre conejo, corre! Un caso de corrupción ya emblemático, por la cantidad de dinero perdida y por la carga emocional y simbolíca que conlleva, pone a todo el mundo a correr y a esconderse. Nada nuevo, diría nuestro querido Caballero de La Mancha, siempre fuye la gente cobarde.
El Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA) advierte del peligro de un "rápido deterioro del proyecto" si no se producen intervenciones urgentes, que incluso ya no podrían impedir el desastre, por las gravísimas chapuzas encontradas en la construcción de la obra.
Pero por lo visto nadie está a cargo. Nadie da la cara, nadie ofrece explicaciones.
Claro que la ausencia de Gobierno parece afectar a muchas áreas de las políticas oficiales.
Mientras esperan el informe de los llamados hombres notables, la consigna es aguantar como se pueda y salvar e mayor número de muebles de la quema, hasta febrero de 2014.
Sólo cinicamente el precandidato Figueres Olsen le echa un cable a la desconcertada presidenta: nada de convenciones todavía, hay que dejarla trabajar.
Al fondo del escenario se oyen grandes carcajadas, trabajar en qué: ¿en la trocha, o será en la platina?
Otra gran obra ¡la platina!, ocho millones de dólares y la situación se ha agravado, o se interviene con urgencia o el puente puede colapsar.
Otro espeso silencio en Casa Presidencial, otra ausencia de responsabilidades.
Agotados el humor y la capacidad de choteo, queda la sensación de aquí se produjo un naufragio y los primeros que abandonan el barco y marchan raudos en busca de un buen refugio son los miembros de un Gobierno acabado y fantasmal.