Por Dora María Tellez.
Hoy se cumplen 25 años de los Acuerdos de Esquipulas II suscritos por los presidentes centroamericanos en 1987, como un "procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica". Para celebrar la ocasión llegan a Nicaragua, el Secretario General de la OEA y varios presidentes centroamericanos. Vale la pena hacer un balance rápido, para que no se quede el tema en congratulaciones y brindis.
Los Acuerdos, una solución centroamericana, sin injerencias externas, incluyeron mecanismos para el desarme y la pacificación de las sociedades centroamericanas, para el establecimiento de sistemas democráticos, representativos, con realización de elecciones periódicas, libres y honestas, con participación de todas las corrientes políticas, sin restricciones, con respeto a los derechos ciudadanos. También se hizo una importante mención a la necesidad de impulsar el desarrollo económico y social de los pueblos centroamericanos.
El anfitrión de las celebraciones, el inconstitucional régimen de Daniel Ortega, es el principal responsable de la violación e incumplimiento de dichos acuerdos. Mantiene, por sus pistolas, a funcionarios cuyo período se ha vencido y ejercen cargos como usurpadores. Controla el sistema electoral y lo ha utilizado para consumar dos grandes y documentados fraudes electorales, en 2008 y 2011. Viola la Constitución y las leyes, restringe y reprime el ejercicio de los derechos políticos y civiles del pueblo nicaragüense, el derecho a protestar, a manifestarse libremente, a expresarse, a participar de un partido politico, a organizarse con independencia del gobierno.
El pueblo nicaragüense constata hoy, -nadie lo puede negar- que no hay condiciones para elecciones transparentes y honestas, que un nuevo fraude electoral está en marcha para aumentar la concentración de poder del orteguismo y con ello, aumentar la corrupción, la pobreza y el desgobierno. Por que, a 25 años de los Acuerdos de Esquipulas, Nicaragua sigue siendo el segundo país más pobre de América Latina y está siendo gobernada por un régimen autoritario, dictatorial, ilegal e ilegítimo que ha lesionado la paz política y la paz social.
La aspiración del pueblo nicaragüense, ahora, como entonces, sigue siendo la de vivir en paz, en democracia y con prosperidad. El obstáculo es el régimen orteguista. La solución está en nuestras manos, en la movilización y la protesta del pueblo.
Bienvenidos los visitantes, esperamos que vean, oigan y no enmudezcan.